
Iniciamos un nuevo curso académico y, como cada año, contaremos con un valor FEC en torno al que nos vamos a organizar y desde el que vamos a evangelizar, educar, dirigir, innovar, acompañar, trabajar y celebrar juntos. En esta ocasión, el valor que nos guiará será el AMOR.
Se trata de un valor esencial que nos invita a revisar nuestra vida y nuestra misión, nuestra capacidad de entrega, nuestro estar disponibles para los demás, nuestros criterios, nuestras opciones y nuestra forma de relacionarnos. Un valor tan profundo como cotidiano, tan necesario para vivir y convivir como para educar y dejarnos educar; un valor que da sentido a todo lo que somos y hacemos.
Quién no se pregunta alguna vez qué significa amar de verdad, si es posible sostener el amor en medio de las dificultades, si el amor puede transformar la realidad o si tiene aún algo que decir en un mundo marcado por la incertidumbre, la división y el sufrimiento. Y, sin embargo, seguimos descubriendo cada día innumerables gestos que nos hablan de él: la solidaridad silenciosa, la acogida, el servicio, el compromiso por la justicia, la entrega generosa, la amistad, la familia, la vida de tantas comunidades que hacen visible el rostro humano y cercano de Dios.
Pero también constatamos realidades que parecen negar el amor o alejarse de él: los conflictos y las guerras, la pobreza y la exclusión, la indiferencia, la soledad, los desafíos educativos y sociales, o las transformaciones aceleradas de nuestro tiempo. Situaciones que reclaman personas capaces de amar con mayor hondura, responsabilidad y esperanza.
Después de más de una década trabajando nuestros valores institucionales, reconocemos en todos ellos una misma raíz. La esperanza, el respeto, la unidad, la creatividad, la alegría, la confianza, la vida y el cuidado de la creación, la libertad y la responsabilidad, el sentido crítico, el agradecimiento, el servicio y la justicia encuentran en el amor su fundamento más profundo. Porque el amor es origen, camino y horizonte; la fuerza que inspira y sostiene toda tarea realizada para los demás y con los demás.
Ojalá el trabajo en torno al valor del amor nos interpele, nos haga crecer, nos ayude a madurar y nos impulse a acompañar mejor a todas las personas que forman parte de la familia FEC. Que nos permita descubrir que amar no es solo un sentimiento, sino una forma concreta de vivir, educar y transformar la realidad.
Con esa intención trabajaremos este curso de la mano de Jesús de Nazaret y de tantos hombres y mujeres que, a lo largo de la Historia y de la historia de la Iglesia, nos han dejado el testimonio de una vida entregada y comprometida desde el amor.
Objetivo general del curso
Identificar el amor como la condición que nos define como seres humanos, favorecer experiencias de servicio, de ternura, de acogida, de caridad, de justicia, de solidaridad y de perdón, inspiradas en el amor de Dios y en el ejemplo de Jesús y de sus seguidores.

Nuestra definición de AMOR
El amor es un sentimiento profundo, un aspecto fundamental de la experiencia humana, un elemento vertebrador determinante y una emoción profunda que se desarrolla en y entre las personas, que nos mueve a buscar el bien de los demás, a tratar a los demás como a nosotros nos gustaría que nos trataran y a encontrar nuestra propia felicidad. El amor es motor para la felicidad, la supervivencia y el bienestar humano, genera emociones intensas, en el Dios de Jesús tiene su mejor definición y expresión, y tiene implicaciones importantes en la salud física y mental de las personas.

Lema del curso: “Ama sin límite”
El mandamiento más importante es el mandamiento del amor: “Cuando los fariseos oyeron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, un experto en la ley, le hizo una pregunta para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?”.
Él le dijo: “’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Este es el mandamiento más importante y el primero. Y el segundo es semejante a éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22,34-40).
Por eso el lema de este año va a lo esencial. Es una exhortación, una invitación, un “mandato”: AMA. Pero no es una sugerencia, una moda, algo que se haga como se hacen tantas otras cosas al cabo del día. No. El mandato del amor tiene una condición: si amas has de amar sin límite, es decir, sin condiciones, sin mirar el reloj, sin esperar nada a cambio, gratuitamente, en cualquier lugar, a todos, sin rebajas, contracorriente, sin ahorrarte nada, a fondo perdido. Amar por puro amor. Amar sin límite.

Frase bíblica: “Haced todo con amor” (1 Cor 16,14)
En esta ocasión el fragmento de la Palabra de Dios que nos va a acompañar durante todo el curso pertenece a la Primera Carta del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto: “Haced todo con amor” (1 Cor 16,14).
En algunos textos, el subtítulo que se pone a esta carta es “olvidaron el amor”, lo cual nos da una idea de la importancia de las palabras de Pablo para una comunidad que, frente a lo que sucede, abandona el primero y más importante de los mandamientos.